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Vivimos en una antigua casa tradicional payesa, situada en una finca al norte de la isla. Nos encontramos en la Venda de Benirràs, al norte del espacio Natural Reservado dels Amunts. Aquí la naturaleza nos abruma, solo al escuchar la gran diversidad de cantos de pájaros durante todo el dia.

IMG-20150219-WA0120Rodeados de bosque, recuperamos antiguas terrazas de cultivo, que desde unos 50 años atrás han estado abandonadas y en desuso, conviertiendose en bosque joven lleno de profunda maleza.

La casa, con su especial valor histórico, consta en papeles inscritos desde el año 1700, en el cual comienzan a escribirse en la mayor parte de la isla. Siendo más antigua aún a esta fecha. La biga central del “porche”, proviene de un velero naufragado cerca de la Cala de Benirràs, según nos han informado, tres casas más utilizaron como bigas otros mástiles del mismo velero.

Podemos encontrar referencias sobre la casa en dos libros del Institut d’Estudis Eivissencs.

En la finca podemos encontrar los restos de la antigua era, donde molían el grano al ritmo de mula, junto con herramientas tradicionales en la payesía de antaño. O la sin duda gran y singular encina, que según nos han dicho pero aun no nos hemos documentado, es la más antigua de la isla, aportando un sinfín de nidos para los pájaros, y que aparte de sombra desprende una energía magnifica al lugar. Además de permitirnos practicar acrobacias aéreas en tela desde una de sus grandísimas ramas.

Paseando encontramos mil y un rinconcitos con hamacas entre pinos y savinas donde poder tumbarnos a hacer la siesta escuchando el cantar de las aves, una bonita zona de merendero y otra de yoga, especiales lugares dónde poder practicar o recibir el arte de los masajes y terapias, entre muchísimos más.

IMG-20150219-WA0084No es difícil dejarse llevar por la magia que nos envuelve al llegar a la finca, e imaginarnos como era la vida unos cientos de años atrás. Sus muros nos recuerdan cada día el trabajo y esfuerzo que un día unas personas pusieron con empeño para poder vivir o sobrevivir cultivando la tierra, luchando contra las adversidades que podían encontrarse, y adaptando el paisaje a las necesidades del momento para poder llevarse algo a la boca.

Ahora nosotros podemos disfrutar de todo lo que nos dejaron, para compartirlo valorando el sudor derramado, manteniendo y recuperando todo lo digno para que vuelva a cobrar una vida agrícola ecológica, y devolverle a la tierra lo que un día nos dió.